En mi clase de redacción para RR.PP. tengo una profesora a
la que ese título no le cabe, pues en realidad es maestra de maestras. En toda
mi carrera universitaria no había encontrado quien me inspire tanto como ella.
Ojalá no vea este post; no quisiera que crea que estoy de "lame
suelas". Resulta que es "paisa" de mi coqueto infiltrado, lo que
significa que por 'default' es muy culta y llena de sabiduría. Exigente hasta
la coronilla, se nota que viene de la misma escuela (El Comercio) que mi ex
jefe en la Revista donde trabajé por algún tiempo. En fin... dispuso que realicemos una
descripción de nosotros mismos y la verdad me ha encantado la tarea. En el
promedio de este periodo veremos qué tan bien lo hice. Les comparto el texto
que escribí sobre mí.
Sani para prevenir cualquier tipo de transmisión de bacterias, un vaso comprado en el último destino visitado (Cuenca), una bola anti estrés en forma de corazón, su flor favorita hecha en foamix (girasol), una bola de nieve de su personaje animado favorito (Jack Skellington), una caja de galletas vacías repleta de suministros de oficina y una regla que tiene pegadas 3 quotes de vida y el autorretrato de su poeta predilecto (Pablo Neruda), un termo de Jack y sus infaltables audífonos que la protegen contra lo que ella denomina "pendejez ajena".
La comida la hace muy feliz y cuando prescinde de esta, suele desanimarse tanto hasta el punto de tener un mal genio. Tiene decenas de platos favoritos; desde la comida internacional como el rollo de sushi cubierto de huevo que se llama Oromaki y venden en Matsuri al norte de Guayaquil, hasta el encocado de camarón de la plaza Caraguay al sur de la urbe. Esto sin mencionar su nuevo ritual dominical de comer cangrejos.
De lunes a jueves viste uniforme de pantalón y chaleco negros con blusa rojo hemoglobina. A partir del viernes usa ropa ajustada, pero nada excéntrico porque es sencilla y no sigue modas, sino que prefiere la comodidad antes que nada. Ella es un metro 55 centímetros de tez morena y tiene un cabello tan negro como sus delineadas cejas. Su lacia melena suelta le llega hasta las caderas. De apariencia muy delgada, su cuerpo es en realidad como una pera; ancha en las caderas y pequeña en la cintura. Con 100 libras que nadie le cree que pesa, sus brazos y manos son tan delgadas y huesudas como los de cualquier niño de 12 años. A pesar de la gran cantidad de melanina que recubre su piel contra los despiadados rayos del sol, su diminuta y fría nariz como la de los gatos está invadida por un número infinito de pecas cual guineo a punto de morir. De labios finos pero pronunciados, jamás usa lápiz labial en la boca sobre la que posa un lugar negro al más puro estilo de Marilyn Monroe. El ligero maquillaje que usa a diario sólo se concentra en sus pequeños ojos negros de pestañas largas y rizadas.
Esa es Niñita web por dentro y por fuera.
Desde hace varias semanas vengo postergando un post dedicado a mis amigas. No por falta de inspiración, sino porque al igual que las pocas publicaciones personales que he escrito, me toma mucho tiempo elaborar un texto que defina con precisión todo lo que siento. Esta vez, mi ayuda mágica vino auspiciada por Huggies, que con su particular tinte emocional en cada comercial, me hizo recordar la cantidad de años que mis amigas han pasado conmigo. Por eso cuando se acabaron los dos minutos y medio de casi llanto que me generó el spot, me pregunté cuántas veces la vida por sí sola se encarga de colocar personas en nuestro camino y sin importar el tiempo que permanecieron con nosotros, vamos coleccionando enseñanzas de cada una de las experiencias que con ellas compartimos. En honor a esa sabiduría que adquirimos de la gente que nos rodea, hoy les quiero dar gracias a mis amigas porque si no fuera por la diversidad de personalidades, opiniones y temperamentos que existen entre nosotros, sencillamente no seríamos la amalgama perfecta que juntas logramos. Y si bien algunas veces solemos fallarnos, al final siempre encontramos la forma de reconciliarnos a nuestra propia manera. Después de todo, si el futuro que nos espera es ser fantástikamente perchas, deberemos aprender -además de preparar té para tomar todos los días religiosamente a las 17h00 cual veteranas- a aceptarnos tal como somos, sin cambiarnos ni exigirnos nada excepto más comprensión y empatía. De lo contrario, sólo terminaremos siendo fantástikamente rudas.
Las quiero
Ustedes saben quiénes son
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